La gratitud, un regalo para dos

La vida es un regalo. He ahí la esencia de nuestra naturaleza, que nos viene dada y, por lo tanto, se trata de un obsequio que toma formas diversas según su destinatario. Como buen presente, contiene el valor de la sorpresa y es por ello, que cuando nacemos lo hacemos ya con unas condiciones fijas que determinarán en parte nuestro futuro. No obstante, buena parte de nuestro camino dependerá de las decisiones y acciones que tomemos en el transcurso de la vida. El ser humano tiene la capacidad de cambiar su propia actitud ante los acontecimientos, y eso es lo que nos da la flexibilidad necesaria para adaptarnos a un mundo en el que el ying y el yang están en constante movimiento.

Cuando miramos la vida como si fuera un presente nos sentimos agradecidos por lo que tenemos en ese momento y valoramos aquellas cosas que enriquecen nuestros días. Entonces pensamos en esas personas que significan algo para nosotros y que se han cruzado en nuestro camino dejando huellas importantes, las pequeñas  y grandes fortunas que disfrutamos en nuestro día a día, los acontecimientos que han marcado nuestra historia y que nos han llevado hasta aquí y todo aquello que está vinculado a lo que somos y a lo que queremos ser.

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La gratitud conlleva la sabiduría de reconocer el valor positivo que está por encima de lo que vivimos y que le da sentido a nuestro camino impulsándonos hacia adelante. Es un estado poderoso que cambia nuestra manera de percibir el mundo, con ojos de gratitud todo se ve diferente, hasta uno mismo. Sentirnos agradecidos por aquello que valoramos sólo es el comienzo de un nuevo despertar que nos aporta calma y estrecha lazos con nuestro entorno.

Un primer paso para agradecer lo que nos da la vida es volver a apreciar aquello que nos proporcione bienestar. Una manera de hacerlo es retirándolo por un tiempo que sea suficiente para notar su ausencia. Podemos intentarlo con comida placentera como el chocolate o bien con cualquier otra cosa que despierte sensaciones agradables como un atardecer. Pasado ese tiempo permitimos que ese elemento vuelva a nuestras vidas y entonces lo percibimos con todos nuestros sentidos. Lo haremos sin prisas ni distracciones, centrándonos en su presencia, observándola, dwoman-smelling-roseescribiéndola, captando su influencia en nosotros y de qué manera nos hace sentir, haciéndola nuestra. Es así cómo algo bueno a lo que estábamos acostumbrados recupera su valor gratificante y su poder para cambiar nuestro estado de ánimo.

La mayor parte de las vivencias que etiquetamos como hitos en nuestra historia personal las compartimos con personas que participan de la importancia que tienen para nosotros. Nuestro nacimiento es resultado del vínculo de nuestros padres y en el momento en el que llegamos al mundo esa unión se extiende a nuestra existencia. La familia es sólo uno de los pilares de nuestro ser, el resto de actores de nuestra historia los encontraremos a medida que avanzamos en nuestro camino. Cuando desarrollamos la gratitud hacia esas personas que forman parte de nuestro viaje personal nos sentimos conectados a ellos y eso nos hace sentir bien. Un ejercicio muy útil consiste en recordar dónde, cuándo y cómo conociste a esa persona que marca la diferencia en tu vida. A continuación imagínate qué pudo haber pasado entonces para que sucediera de tal manera que finalmente no os hubierais conocido. Luego piensa en cómo ese cambio en el pasado pudo haber transformado todo lo que aconteció después y que desembocó en tu presente. Realizando este ejercicio lograrás apreciar de manera genuina todo lo que contribuye la presencia de esa persona en tu vida. Trata de observar lo que acontece en tu interior, siente curiosidad por las sensaciones que ha despertado la gratitud en ti y quédate con ellaups permitiendo su presencia. Antes de finalizar esta práctica concédete el tiempo necesario para reflexionar acerca de cómo la experiencia de agradecimiento ha afectado a tu persona.

Hay multitud de maneras en las que poder dar las gracias a los demás, aunque hacerlo de manera auténtica y sincera no es un acto sencillo. Antes de expresar gratitud hacia alguien, piensa en qué motivos tienes para hacerlo, además de la repercusión que ha tenido en tu vida, reconoce la intención y el esfuerzo que ha puesto la otra persona. Una manifestación de agradecimiento genuina es aquella realizada desde la empatía, poniendo atención a lo que ha ocurrido en el otro y que ha llegado a nosotros en forma de algo constructivo y valioso. De este modo, la gratitud no es algo que sólo se siente, sino que se atiende, se comprende y también se traduce en acciones que muestren nuestro agradecimiento.

Existe la creencia de que la gratitud está relacionada sólo con el lado positivo de la vida, y que no tiene cabida en ella ninguna clase de sufrimiento. No obstante, la realidad nos enseña que se trata de un recurso poderoso para hacerle frente a los momentos más duros y nos hace más resilientes. La vía que utiliza la gratitud en tales circunstancias es la de la aceptación, permaneciendo abiertos a las experiencia, incluyendo en ella las emociones que nos duelen. Abrazar el sufrimiento implica un cambio de actitud que saca nuestro lado más amable y nos prepara de cara al siguiente paso, agradecer. Cuando atravesamos tiempos difíciles resulta más complicado apreciar lo bueno de nuestra vida, simplemente no lo vemos. Sin embargo, si adoptamos una actitud compasiva y de aceptación, y nos centramos en buscar lo positivo, buscando en lo grande y en lo pequeño de nuestro día a día, tendremos más oportunidades de encontrar aquello por lo que aún estando en esa situación, continuamos hacia adelante. Los motivos que esconden nuestras acciones son los valores que le dan sentido a nuestra vida y que nos guían en nuestro camino superando las adversidades. Nos sentimos agradecidos cuando nos damos cuenta de que algo que valoramos está presente y es lo que nos da las fuerzas para seguir en pie. El sentir agradecimiento nos ayuda a encontrar esa fuente de la que beber cuando sentimos debilidad, y que nos aporta la claridad que necesitamos para vislumbrar el resto del camino.

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Hay un sentido de gratitud más profundo que nos conecta con los demás y con nosotros mismos. Se trata de tomar conciencia de la vida que hay a nuestro alrededor y de la que participamos actívamente junto a otros seres que comparten nuestra esencia. Cuando apreciamos este regalo que nos han otorgado y que tenemos el honor de darle forma a nuestra voluntad, entonces sentimos la calma que nos da el formar parte de algo que va más allá de lo físico, un valor último que le da significado a nuestra existencia. Si ponemos atención en lo que nos rodea nos daremos cuenta de cuánta belleza está presente en nuestro día a día y de la que emana una intensa energía que nos hace sentir vivos. Da igual lo malo que fuera el día, en ese momento lo que ha ocurrido deja paso a la viveza del presente, que restaura la armonía interior y hace fluir la gratitud que llevamos dentro.

Ahora haz una pausa y lleva tu mente a aquello por lo que te sientes agradecido, puede ser un recuerdo, una persona, algo material, una mascota, la naturaleza… Lo importante es que le des forma con el mayor número de detalles y que profundices en la cualidad de tu gratitud.

Éste es mi regalo para tí. Espero que lo disfrutes.

😉

panda


2 respuestas a “La gratitud, un regalo para dos

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